lunes, 28 de septiembre de 2015

De poetas a dioses

Mi maravillosa cueva en penumbra,

que de todas las que hay sólo existe una,

donde todavía perdura toda aquella sangre,

de derramaron todos esos animales,

y que siguen todos esos deformados huesos,

que sólo pudieron recoger los dioses,

del ahora azul y soleado cielo,

y que ellos mismos enterraron en la noche,

aprovechando que seguía erguido el propio frío,

antes de que empezase el día y el calor,

y tras que los animales expusieran sus vestimentas,

y tras que los dioses hubiesen realizado sus hazañas y poseyesen testigos,

entonces rompiendo el frío del silencio sonó un único tambor,

haciendo que los dioses tras haber
pensado que eran inmortales

y haber terminado esos cientos de poemas

volvieron al cielo, pero primero soltaron mil piedras,

una para cada futuro y posible poeta.

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